La cajita de música

domingo, 29 de julio de 2012




La cajita de música


Felipe regresó ayer de su viaje a Francia. Estaba cansado. Su rostro ojeroso y su semblante demacrado mostraban un agotamiento acumulado de varias semanas, y se me encogió el corazón al verle entrar por la puerta del dormitorio, exhausto. 
Se tumbó en la cama sin ni siquiera mirarme. Eso me dolió, aunque comprendí su actitud. Cuando te pasas horas en la autopista al volante de un inmenso camión de mercancías y te alimentas de ensaladas, hamburguesas y bocadillos de bar de carretera durante días, lo último que te apetece hacer es ponerte cariñoso. 
Lancé un suspiro apenas audible, esperando que me hablara en ese tono que me provocaba un intenso temblor en las piernas. Sin embargo lo que hizo fue darse la vuelta y meterse bajo las sábanas bordadas de algodón que ella le regaló por su cumpleaños. 
Solté un bufido, malhumorada, y me miré al espejito que había a mi espalda. No era una preciosidad, tenía que admitirlo, pero mis extremidades estilizadas de bailarina y mi traje rosado con tutú incluido me daban un aire muy romántico. 
Deseaba escuchar la dulce melodía que me acompañaba en mis piruetas, y bailar para él. Que me contemplara embelesado y aplaudiera al terminar mi actuación. Mas Felipe dormía plácidamente, y no parecía dispuesto a renunciar a una placentera siesta para observarme mientras danzaba al compás del Moonlight Sonata, de Beethoven. 
Cuál fue mi sorpresa cuando, una hora después, se aproximó a mí sigiloso y me sacó de la oscuridad que me rodeaba. Me susurró en voz baja: 
- Hola bonita. ¿Cómo has estado estos días? 
Yo tan solo le miraba, sin poder responderle. Maldije para mis adentros mi incapacidad para comunicarme a través de las palabras, y recé para que pudiera percibir en mis ojos pintados mi amor incondicional. 
- Mañana es nuestro aniversario – ronroneó mimoso –, y le he comprado un anillo de diamantes con lo que conseguí ahorrar el año pasado. 
Sí, era cierto. Era su aniversario. Más bien, nuestro aniversario. Felipe y su esposa cumplían cinco años de casados el mismo día que él me adquirió en un anticuario en el casco antiguo de Madrid, hacía también un lustro, para ser la guardiana de las pertenencias de la mujer que me robó su cariño. 
Sabía que mi amor no era correspondido. Que no lo sería jamás. El cruel destino que nos trajo a este mundo nos creó diferentes e incompatibles, y tendría que conformarme con lo poco que tenía de él. 
Le dio cuerda al joyero que fue mi refugio desde que algún artesano experto me diseñó y me talló para colocarme en su interior, y la música comenzó a sonar. Bailé con elegancia teniendo a mi amado como único espectador, y al acabar la pieza éste colocó el anillo a mis pies con una sonrisa de satisfacción y cerró la tapa sobre mi cabeza, sumiéndome de nuevo en las tinieblas de mi soledad. 
Traté de hacer sonreír a mi rostro inanimado sin éxito. Me había confiado su regalo de aniversario, un presente con un gran valor sentimental. 
Era un trueque justo, pues yo le había entregado mi tesoro más valioso: mi corazón.

14 comentarios:

Juanjo dijo...

¿De verdad lo último que le apetece a uno hacer es ponerse cariñoso? Yo he trabajado con bichos de esos, teniendo que pasar por callejuelas imposibles, con mil coches mal estacionados que hacían más complicado aún el paso y no era eso lo que me ponía arisco...

Aprecio que la muñeca "símbolicamente" ofrece más que los seres humanos. Pues la bailarina ofrece un corazón. O lo que es lo mismo, da lo que no tiene. Y eso es un acto de generosiad infinita. Quiero creer que aún hay seres humanos como la muñeca... pero las sensaciones no son muy positivas.

El caso es que, como es su costumbre, milady, usted consigue emocionar con su escritura. Consigue que llevemos más allá la comprension de las cosas y del mundo. Y todo ello forma una metáfora muy realista, sin abandonar el reino de la ficción.

Discúlpeme si he errado en la interpretación, ahí le dejo los motivos por los que veo en el texto, todo lo que le he explicado.

Un saludo cordial y tenga usted un domingo maravilloso.

Wendy dijo...

Me alegra que hagáis estos ejercicios porque así podemos disfrutar de vuestros relatos, me gusta mucho el tuyo, los personajes son opuestos, una bailarina y un camionero tienen poco en común pero ¡fíjate! que son los protagonistas de una hermosa historia e amor que se adentra en la fantasía.
Un beso, Miranda.

Aglaia Callia dijo...

Me encantan estos cuentos cortos que en pocas palabras dicen tanto y que te presentan un momento cotidiano con tan buen estilo. Escribir en primera persona no es nada sencillo, pero tú lo has hecho genial, te felicito.

Estos ejercicios de escritura son fabulosos, es un placer leerte.

Besos y muy feliz domingo.

Miranda Kellaway dijo...

Gracias a los tres. Me encanta participar en esta clase de cosas, pues no hay nada mejor para mí que estimular la creatividad con retos como los que nos proponen cada mes.

Juanjo, celebro que haya comprendido tan nítidamente mis intenciones con este relato. hay gente que da lo que tiene, otra que da lo que no tiene (aparentemente), y otra que solo da lo que le sobra. Nuestra bailarina no tiene un corazón físico, pero es capaz de amar. Suena contradictorio, verdad? al igual que es difícil de entender que personas que albergan en su pecho ese músculo palpitante que nos da vida sean incapaces de amar, y mucho menos de sentir.
Así somos los humanos.


Saludos a todos.

Brie dijo...

Wow! Miranda.
Que relato mas hermoso, le diste tanta magia a este ejercicio que me hiciste imaginar cada uno de los colores de la trama y la precisión de las piruetas de bailarina.
Saluditos :)

Raquel Campos dijo...

Precioso relato Miranda.
Que bien narrado y cómo me ha gustado esa bonita metáfora y ese amor imposible de la bailarina.
Un beso!!

Luciana dijo...

Qué bonita historia! Soy una fanática de las cajitas de música, lo sabías? Sólo tengo dos, pero me encantan y las de las bailarinas, eran mi sueño de pequeña.
Besos.

Elizabeth Bowman dijo...

Me gusta que os dediquéis a este tipo de ejercicios narrativos donde interactúan personajes tan dispares como, en este caso, un camionero y una bailarina. No es la primera vez que muestro mi admiración y mi respeto por quienes son capaces de crear relatos cortos con semejantes ingrdientes pues reconozco que soy la primera en encontrar una cierta dificultad en esto.

Por cierto, adoro las cajitas de música.

Un besito.

La Dame Masquée dijo...

Qué bonito, madame!
Encantador que la protagonista sea la bailarina de la cajita de música :)
Yo también amo las cajitas de música, y en especial si llevan una bailarina.

Buenas noches

Bisous

MariCari♥♥♥♥♥ dijo...

Precioso, una maravilla exquisita de causa y efecto, mezcla subrealista en lo tocante al amor por lo imposible entre muñeca y humano, pero ah! y si es cuestión de almas... precioso. Bss

Jennieh dijo...

Magnífica historia, me llegó al corazón eso de lo diferente e imcompatibles que habían sido creados.

Cuando pequeña alucinaba con la cajita que tenía mi tía, me hizo recordar esa etapa de la vida.

Un beso.

Dolly Gerasol dijo...

Maravilloso relato!! Me encantó!!
Saludos :)

princesa jazmin dijo...

Qué preciosidad! me gustan mucho estos cuentos en los cuales un objeto inanimado es capaz de sentir "humanamente", como en el soldadito de plomo.
Un relato perfecto de principio a fin, hasta la música sonó en mi cabeza cuando lo leía.
Cariños.
Jazmín.

Lourdes dijo...

¡Muy bonita historia! Te felicito.

 
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